SECUNDINO HERNÁNDEZ


Obras pertenecientes a la colección de la Fundación Canaria de Arte Tranche junto a otras inéditas provenientes del estudio del artista configuran esta exposición que, diseñada por el propio artista, se abre a nuevas lecturas de su trabajo. Una suerte de dicotomía sintética, de haiku espacial, que refleja asimismo la propia esencia del trabajo de Secundino Hernández, cuyas aparentes divergencias formales son resueltas mediante la aceptación de lo contradictorio como reflejo de la fractura existencial propia de la condición humana.

Los relieves inéditos que Hernández califica como experimentos se construyen añadiendo, aunque son los vacíos los que sostienen su estructura; las pinturas sustractivas se presentan ocasionalmente como dípticos, y a veces están compuestas en lienzos que integran piezas cosidas, sumadas. Nada es sólo lo que parece ni puede leerse en un sentido unívoco en esta exposición. Dice Hernández que la pintura no es un resultado, si no una condición. Una condición, podríamos añadir, que es accionada por la presencia de un elemento inesperado, de cualidad, peso o textura opuestos a los parámetros dados.



Sobre los referentes de Hernández y su relación con la tradición pictórica española, tanto como las escuelas alemana contemporánea o norteamericana se ha escrito suficiente en las numerosas publicaciones que han dado cuenta de su obra en las últimas décadas y parece innecesario abundar aquí en ello. Sin embargo, siempre al hilo de estos análisis se termina por hablar de dicotomías como espontaneidad y deliberación, figuración y abstracción, positivo y negativo, oscuridad y luz. El propio Hernández afirma que a menudo su trabajo oscila entre el control y la disolución, lo analítico y lo instintivo. Y lo que es más importante, manifiesta su propósito no conciliatorio, su aceptación consciente de la existencia de estas tensiones que elige dejar fluir, armonizar y coexistir.

Volvamos a la sala: las obras que componen esta exposición abarcan una horquilla temporal amplia, entre 2014 y 2025. Lapso que espejea la contención del tiempo inscrita en cada una de las obras. Los detalles de la producción de sus piezas, las técnicas que utiliza -como la aplicación de chorros de agua a presión o el fundido de los relieves y la posterior adición de pátinas- son indicativos del tiempo invertido en la realización de cada una, pero también de la coreografía física que requiere su realización. Los palimpsestos de Hernández tienen el peso de una ruina, mientras su cualidad fantasmagórica se mece entre lo que fue y el devenir.

La práctica de Secundino Hernández navega entre las dualidades y tensiones inherentes a la pintura y propone una solución de totalidad en la que caben la temporalidad y la ligereza, la impulsividad y la estructura: el momento, el viento, el gesto y la piedra.